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El nacimiento
No es una escena.
Es un estado.
No es un cuerpo.
Es una promesa que nunca se cumple del todo.
Aquí el deseo no se descarga.
Se acumula.
Se estira.
Se vuelve contra ti.
No vienes a mirar.
Vienes a quedarte suspendido.
Entre lo que imaginas
y lo que nunca sucede.
Entre la piel
y el límite.
Entre el impulso
y la renuncia.
Esto no quiere excitarte.
Quiere atraparte.
Que salgas con más hambre que cuando entraste.
Que recuerdes lo que viste
sin haberlo tenido.
Porque el verdadero placer
no es poseer.
Es permanecer
en el umbral.




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